Luis Eduardo Aute

Nombre: Luis Eduardo Aute Gutiérrez

Origen: Manila (Filipinas)
Período de actividad: 1967-2016
Estilo musical: Cantautor

ACTIVIDAD

Con frecuencia la música española ha dado figuras aplicadas simultáneamente en otras artes, por lo común, escénicas: desde cantantes actuando eventualmente en películas musicales hasta nombres consagrados de la canción y la escena (llámese Lola Flores, Ana Belén o Marisol).  Otros han mostrado capacidades en la pintura, pero siempre como actividad secundaria. Lo que resulta inusual es encontrar artistas multidisciplinares entregados a varias artes por igual y con repercusión en todas ellas. Es lo que se ha dado en llamar «nuevos renacentistas» (como émulos, tal vez, del gran Leonardo da Vinci). Pues bien, dentro del pop pionero español hemos tenido uno de esos artistas… y muy relevante.   

Luis Eduardo Aute nació el 13 de septiembre de 1943 en Manila, capital de Filipinas. Sus padres eran españoles, si bien se conocieron allá cuando el padre emigró desde Barcelona para trabajar en la compañía Tabacos de Filipinas. Sus estudios primarios fueron en inglés, además de hablar catalán y español en casa y el tagalo que aprendió en la calle. Ya desde niño empezó a mostrar cualidades significativas para la pintura y el dibujo, además de una gran afición por el cine, sobre todo desde que su padre le regalara una cámara de 8 mm., con la que filmaba con sus amigos. 

En 1952 la familia se desplaza a España: en principio, a Barcelona y dos años más tarde se asientan en Madrid. Cuando cumple 15 años su padre le regala una guitarra que aprende a tocar de forma autodidacta. Ahí comienzan sus escarceos musicales, inicialmente con dos amigos con los que actúa en la fiesta de final de curso del Colegio Maravillas donde estudiaba el bachiller. Pero tampoco deja de dibujar y pintar, y se presenta al II Certamen Juvenil de Arte ganando el segundo premio. Incluso en 1960 por primera vez expone con gran aceptación sus pinturas en la Galería Alcón de Madrid.

Ese mismo año de 1960 da un paso más en la música al integrarse como guitarrista rítmico en los Sonor (apareciendo en el programa de TVE «Salto a la fama») y luego en Los Tigres, donde cantaba en inglés temas de rock americano. Incluso pasaría fugazmente en Los Pekenikes (quién no, que diría Forges…).  

En 1961 consolida su actividad en el cine: escribe su primer guion y rueda dos cortometrajes (uno de ellos rechazado por la censura). En paralelo, publica un libro con poemas y algunos guiones, titulado «Los últimos estertores». Pero también inaugura su segunda exposición de pintura al año siguiente… Como se ve, se estaba apuntalando en Luis Eduardo el concepto de artista multidisciplinar arriba mencionado. 

Pero él busca ampliar fronteras, y en 1963 viaja a París donde entabla contactos para sus exposiciones pictóricas; mientras, absorberá el ambiente cultural de la capital francesa: la música de Brassens, Jacques Brel o Léo Ferré; o la emergente Nouvelle Vague cinematográfica… París le reclama varias veces, y consigue vivir de la venta de sus cuadros, incluso a Estados Unidos. En sus retornos a España trabaja en el cine (detrás de la cámara), en especial para la película «Cleopatra» de Joseph L. Mankiewicz, como traductor y segundo ayudante de dirección. 

A pesar del servicio militar que le reclama en 1965, su actividad artística no cesará del todo. Fue gracias a su capitán, muy aficionado al dibujo, que le permite terminar varios cuadros para una exposición en California. Ya acabada la mili, viaja a Brasil, donde expondrá en la Bienal de São Paulo.  

En Madrid conoce a Massiel y descubre con admiración a los cantautores norteamericanos: Bob Dylan, Pete Seeger o Joan Báez. Es el año 1967, fundamental en la vida de Luis Eduardo; Massiel le anima a componer, y escribe así sus primeras canciones: «Don Ramón»/»Made in Spain», que acabará siendo su primer sencillo, y «Aleluya #1″/»Rojo sobre negro», el segundo; además de «Rosas en el mar«, que grabará Massiel, convirtiéndola en su primer gran éxito. Había nacido el cantautor Luis Eduardo Aute. Pero hay un problema: Luis Eduardo desconfía de su voz y pretende, además, seguir dedicándose a la pintura y el cine. Sólo entre el productor Juan Carlos Calderón y el director artístico de RCA lograron convencerle para grabar. 

«Aleluya #1» fue un éxito singular: no sólo en voz de Massiel, que lo grabó también; el tema traspasó fronteras, al ser adaptado por cantantes de diversos países, destacando la versión en inglés del estadounidense Ed Ames, que con el título «Who will answer» escaló la lista Billboard. 

Todo este éxito podría ser el trampolín definitivo de Aute, incluso a nivel internacional, pero él prefiere seguir dedicándose a la pintura y el cine considerando la música -a diferencia de la mayoría de artistas multidisciplinares como apuntaba arriba- una actividad eventual y secundaria. Con todo, entre 1967 y 1968 su discográfica RCA religiosamente lanza una serie de nuevos sencillos: «Mi tierra, mi gente» (hermoso tributo a la diversidad cultural de España) / «Los ojos» y «Los burgueses» (mordaz sátira social) / «Me miraré en tu cuerpo»; y otros con temas como «Clamo al firmamento (Aleluya #2)», «Yo pertenezco» o «Tiempo de amores». Y en medio de todo, a finales de 1967 sale su primer álbum, Diálogos de Rodrigo y Gimena (en curiosa referencia al Cid), que incluye muchos de los temas de sencillos anteriores, con una de sus pinturas ilustrando la carpeta. 

1968 es el año de su despedida (por entonces) de la música, que sella con su boda con su novia Maritchu Rosado, y la edición del álbum 24 canciones breves. Se trata de un peculiar rosario de poemas cortos musicados con un acompañamiento básico de guitarra y cellos y textos de temática social. Aparte de eso, cede dos temas suyos, «El alma no venderé» y «No sé qué pasará», a una joven y emergente cantautora murciana llamada Mari Trini para dar inicio a su carrera. 

Desde ese momento la carrera artística de L.E. Aute se enfocó de lleno en el cine (dirección y escritura de cortometrajes), la poesía, el diseño de carteles y, cómo no, la pintura. Pero la música le seguía reclamando de otros modos: en 1972 RCA publica Álbum (1966-67), un recopilatorio de viejos éxitos, y un año después Rosa León lanza su primer disco con varias canciones de Aute, como “Las cuatro y diez” y “De alguna manera” que calaron profundamente en voz de la cantautora madrileña. 

Ese inesperado éxito lo empuja a volver al mundo discográfico, con nuevo sello (Ariola) y ciertas condiciones como no tener que actuar en vivo. Así, en 1974 publica Rito (Canciones de amor y muerte) donde destaca la peculiar “Autotango del cantautor”, una sátira a su oficio musical. Compone la BSO de Los viajes escolares, de Jaime Chávarri

En 1975 sale Espuma (Canciones eróticas) de corte más intimista, del que se extrajo el sencillo “Anda”. Esta renovada actividad musical no le impide seguir haciendo cortos y bandas sonoras, también para TVE; incluso diseña carpetas de discos para distintos sellos y retratos de encargo. Y a pesar de sus reparos, a finales de ese año hizo su primera actuación en público: fue en el IX Festival de Villancicos Nuevos de Pamplona, junto a otros cantautores como Víctor ManuelLuis PastorRosa León.

Los dos años siguientes fueron de «aute-éntico» frenesí musical. Planeaba lanzar Sarcófago, álbum con poemas musicalizados de su libro «La matemática del espejo» del año anterior. Pero el tono sombrío del disco no convence a Ariola y le obligan a grabar antes otro tipo de álbum. Entonces el genio versátil de Aute surgió de pronto, publicando en 1976 el muy hilarante Babel (Canciones Satíricas 1968-75) con temas tan recordados como aquel «Adiós, Inés de Ulloa» (me voy para Lisboa…), que compuso para una comedia musical satírica basada en Don Juan Tenorio que finalmente no se estrenó por culpa de la censura. Y mientras, hace música para televisión: La señora García se confiesa (Adolfo Marsillach) y La viuda andaluza (Francesc Betriu).

El Aute sarcástico y jocoso seguía en plena racha en 1977 con el lanzamiento de Forgesound, en colaboración con Jesús Munárriz e inspiración del gran humorista gráfico Antonio Fraguas «Forges«. (Cómo no citar la divertidísima «La ventanilla» de este disco.) Y en absoluto contraste, publica antes el aplazado álbum Sarcófago, que junto con los anteriores elepés Rito y Espuma completaría la trilogía llamada Canciones de amor y de muerte. Entre tanto, sigue componiendo música para películas como Mi hija Hildegart (Fernando Fernán Gómez) o Esposa y amante, de Angelino Fons

El año 1978 marca el desmelene definitivo de Luis Eduardo en lo referente a actuar en directo: empieza con una fiesta de la CNT en Albacete en compañía de Chicho Sánchez Ferlosio, Jesús Munárriz y Moncho Alpuente; o en Cuenca, sólo unos días después; además de apariciones como en el Colegio Mayor San Juan Evangelista de Madrid. A finales de ese año publica el álbum Albanta, producido por Teddy Bautista, que contiene la canción posiblemente más célebre de toda su carrera: «Al alba», un tributo a los últimos fusilados del franquismo. La canción alcanzaría también enorme popularidad en la versión previa de Rosa León. Será el primer álbum de una nueva trilogía titulada Canciones de amor y de vida.

En julio 1979 es invitado a actuar en el Festival Mundial de la Juventud de La Habana, junto a las figuras más emblemáticas de la Nueva Trova Cubana. No para de componer, y a finales de 1979 publica De par en par (que, de no ser de nuevo por intromisión de la discográfica, iba a titularse Latido). Es el segundo elepé de su nueva trilogía.  Igualmente, compone la música de la obra teatral Cinco horas con Mario, sobre la novela de Miguel Delibes.

Para acabar la década, da su primer gran concierto oficial, en concreto el 22 de febrero de 1980 en el Teatro Alcalá de Madrid, acompañado por Suburbano y el guitarrista Luis Mendo a la cabeza, su escudero fiel de los últimos años. Y para acabar el año publica Alma, último álbum de una nueva trilogía llamada Canciones de amor y de vida (con temas memorables como «No te desnudes todavía» o «Pasaba por aquí».

En los años posteriores la carrera musical de Aute se fue arraigando hasta publicar un total de 26 álbumes a lo largo de su vida, además de 9 recopilatorios y 4 discos en directo (siendo el primero en 1983 -una vez superada plenamente su vieja timidez escénica-). Su retorno a la música a partir de mediados de los años 70 fue tan intenso que su desempeño como artista plástico quedó parcialmente relegado durante ese tiempo, volviendo a sus exposiciones a partir de la década siguiente, que compaginó con su actividad musical. No obstante, nunca dejó de lado al cine, al menos como compositor de bandas sonoras (también de teatro), participando en un total de 20 películas, de las cuales en 8 fue autor de la música, además de dirigir o escribir el guion de varias de ellas. No es extraño que uno de sus temas más recordados de los ’80 fuera aquel «Cine, cine» de su álbum de 1984 Cuerpo a cuerpo (que incluía también aquel jugoso -y hoy incorrectísimo- «Una de dos» [o me llevo a esa mujer…]). 

En más de una ocasión dijo: «Yo canté sin querer».  Al final cantó muchísimo para sus discos, y cuando no lo hizo, otros (sobre todo, otras) lo hicieron por él: Massiel, Rosa León, Marisol o Ana Belén, quienes tuvieron mucho que ver con su relanzamiento y consolidación como cantautor. Con todo, «El arte es la única manera que tengo de saber que estoy vivo», decía también…

Luis Eduardo Aute falleció el 4 de abril de 2020 a los 76 años en Madrid, presuntamente por las secuelas a causa de un infarto cerebral que sufrió en agosto de 2016, que lo había dejado dos meses en coma, tras volver de un concierto en Huelva. Desde entonces había cesado su actividad artística. Con él se nos fue un creador irrepetible: cantautor pionero y artista al más puro estilo renacentista, como ha quedado dicho.  

(por Juan M. Moratinos)